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Historia:(Reseña
escrita por el propietario.) Siempre me han gustado los automóviles
antiguos, les sobra la personalidad que les falta a los genéricos
autos actuales. Siempre tuve en mente la idea de restaurar uno,
y en cuanto pude me hice a un Volskwagen escarabajo 1960 con la
idea a largo plazo de restaurarlo. Luego de tenerlo por 4 años
y sin haberlo restaurado tuve que venderlo. La idea de restaurar
un auto antiguo seguía en mi cabeza, y en cuanto pude nuevamente
emprendí la búsqueda del vehículo candidato
para tal fin. Después de mucho investigar, y analizar los
costos de varios vehículos, y de su restauración
(no cuesta lo mismo restaurar un Jaguar que un VW) me decidí
por un Jeep Willys, cuyo costo es accesible (aunque si esta pensando
en comprar uno debe apurarse ya que los precios están subiendo
muy rápido), sus repuestos no son difíciles de conseguir,
es un vehículo muy divertido, y tiene una maravillosa historia
a cuestas.
Con
la decisión ya tomada emprendí la misión
de conseguir el Willys. Tenía muy claro que entre mas viejo
mejor, por lo cual me centre en buscar un Cj2a o un MB. Dada la
buena cantidad de Willys sobrevivientes en Colombia el mercado
de compra y venta es medianamente activo, con un promedio en Bogota
de unos 2 o 3 carros para la venta por semana, generalmente CJ3B.
Durante
4 meses vi unos 5 Willys, pero ninguno cumplía con las
condiciones de originalidad que buscaba, algunos habían
sido modificados o como lo llamamos acá "engallados"
con llantas anchas, timón y sillas deportivas, dirección
hidráulica, incluso con adaptaciones de motores Toyota
y Chevrolet Luv. El día que fui a ver el Willys que a la
larga seria el escogido, me acompaño mi esposa. Aunque
ella quedo en shock cuando lo vio, según ella por feo,
yo de inmediato supe que era el que estaba buscando. Cumplía
con todas las características que buscaba; Cj2A modelo
46 con toda su mecánica original y funcionando, parabrisas
original, ejes originales, sillas originales, timón e indicadores
originales, y un chasis recuperable.
EL
vehículo pertenecía a un abuelo que lo había
tenido por 40 años comprándolo al segundo dueño,
quien a su vez lo compro en un remate de vehículos dados
de baja por el ejército Colombiano.
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